EL DIABLO PRESTIDIGITADOR Y LOS VISITANTES TENEBROSOS

Los presentes fragmentos corresponden al libro El Misterio del Aureo Florecer de Samael Aun Weor y nos da una clara explicacion acerca de estos hechos. Yo recomiendo leer el libro entero ya que es una guía magnifica en el camino de cualquier persona que este buscando la verdadera espiritualidad.

EL DIABLO PRESTIDIGITADOR (SAMEL AUN WEOR)

Es palmaria la existencia de un medianero plástico extraordinario en ese homúnculo intelectual equivocadamente llamado hombre. En forma enfática quiero referirme al Plexo Solar, centro emocional, sabiamente colocado por la Naturaleza en la región del ombligo.

Es incuestionable que este magnífico ascendiente del bípedo tricerebrado o tricentrado se satura íntegramente con la esencia sexual de nuestros órganos creadores.
Se nos ha dicho que el “Ojo Mágico” del vientre es estimulado frecuentemente por el Hidrógeno Sexual Si-12 que sube desde los órganos sexuales.

Es pues un axioma inquebrantable de la Filosofía Hermética el que en la región del vientre existe un poderoso acumulador energético sexual.

Mediante el Agente Sexual cualquier representación puede tomar forma en el campo magnético del Plexo Solar.

Lo ideo-plástico representativo constituye en sí mismo el contenido del bajo vientre.

En modo alguno exageramos cuando enfatizamos la idea básica de que en el vientre se gestan los Yoes que surgen más tarde a la existencia. Tales entidades psicológicas, ideo-plásticas, de ninguna manera vendrían a la existencia sin el Agente Sexual.

Cada Yo es pues una viva representación psicológica que surge del vientre; el Ego personal es una suma de Yoes.

El animal intelectual es ciertamente una máquina controlada por diversos Yoes.



Algunos Yoes representan la ira con todas sus facetas otros la codicia, aquellos la lujuria, etc.

Esos son los “diablos rojos” citados por el “Libro de los Muertos” del antiguo Egipto.

En nombre de la verdad es indispensable decir que lo único digno que llevamos dentro es la Esencia; desafortunadamente ésta en sí misma esta dispersa aquí y allá y acullá, enfrascada entre cada uno de los diversos Yoes.

El “Diablo Prestidigitador” toma forma en la potencia sexual; algunos Yoes muy fuertes suelen producir variados fenómenos físicos asombrosos.

Waldemar relata el siguiente caso: “El prestigioso síndico de la ciudad de San Miniato al Tedesco, situada entre Florencia y Pisa, tenía una hija de quince años, sobre la que vino el demonio de manera que causó sensación en el país.

No era solo que la cama en que estaba la muchacha se moviese de un lado a otro de la habitación, de manera que tan pronto estaba contra una pared como contra la otra, sino que el demonio rompió gran cantidad de cacharros en la casa, abría puertas y cajones y armaba tan batahola, que los moradores pasaban la noche temblando y llenos de espanto.

En presencia de los padres fue la hija atacada de tal modo por el maligno, que a pesar de súplicas e imploraciones de la muchacha, la asió por las caderas y la elevó por el aire.

En vano llamó ella invocando: ¡Santa Virgen María! ¡Ayúdame a salvarme, pues (y esto ante la presencia de cientos de habitantes de la ciudad) fue arrastrada por la ventana, ondeando varios minutos ante la casa y sobre la plaza de mercado.

No es, pues, de extrañar que casi toda la ciudad corriera allá, hombres y mujeres, pasmándose ante lo inaudito y espantándose por la crueldad del Diablo, haciéndose a la par lenguas del valor de la muchacha”.

Un relato de la época dice: “Todos se hallan aterrados y conmovidos hondamente por el aspecto de la madre y de las mujeres de la familia, que con el cabello suelto se arañaban con las uñas las mejillas, se aporreaban el pecho con los puños y llenaban el aire de lamentos y alaridos cuyo eco resonaba por las calles.

La Madre sobre todo, gritaba, ora a su hija, ora al demonio, pidiendo a éste que echara sobre ella toda la desgracia; luego se dirigió de nuevo a la gente, especialmente a las madres, para que se arrodillasen con ella implorando ayuda a Dios, cosa que todas hicieron al instante.

¡Oh, Dios Santo!, Seguidamente se precipitó la hija desde arriba sobre su madre, y consoló a la medio muerta, con semblante alegre: ¡Abandona el temor madre mía! Cesa de llorar que aquí está tu hija; no temas por el fantasma del Diablo, te lo ruego... Crees acaso que fui torturada y vejada, pero más bien me encuentro colmada de una deliciosa e indecible dulzura... pues siempre al amparo de todos los desconsolados ha estado a mi lado, ayudándome y hablándome para darme ánimo y constancia; así me decía, se gana el cielo.

Estas palabras llenaron a los presentes de alegría y asombro al mismo tiempo, y se fueron aliviados de allá; pero apenas hubo regresado la familia a su casa irrumpió de nuevo el Diablo, y lanzándose con toda violencia sobre la muchacha, la asió de los cabellos, apagó las lámparas y velas, volcó cajas y cajones y todos los objetos de menaje y cuando de nuevo pudo encender luces el padre, la hija se arrojó sobre el crucifijo de la casa y clamó con voz desgarradora: ¡Haz que me trague la tierra, oh Señor, antes de abandonarme; sosténme y libérame, te lo imploro encarecidamente.

Y hablando así, prorrumpió en llanto, lo cual enfureció más al maligno, quien le arrancó primero la camisa del cuerpo, luego el vestido de lana y finalmente la sobrevesta de seda, como acostumbran a usar las mozas, desgarrándolo y destrozándolo todo, y cuando se hallaba la pobre casi desnuda, comenzó a tirarle del pelo”.

“Ella gritaba: -Padre mío, tráeme un vestido, cubre mi desnudez; ¡Virgen Santa, ayúdame! Finalmente, y después de que el demonio la hiciera objeto de más sevicias, logrose liberar a la muchacha de sus brazos por una peregrinación y unos exorcismos efectuados por un sacerdote”.

Hasta aquí pues el interesante relato de Waldemar. Es ostensible que el demonio sádico que atormentó a esa pobre muchacha, era fuera de toda duda, el Diablo Prestidigitador, un fuerte Yo Diablo de la doncella que tomó forma en la potencia sexual de ella misma, eso es todo.

El caudal de exteriorizaciones ideo-plásticas sexuales, que se manifiesta muy especialmente durante los años de la pubertad, suele ser realmente tremendo, entonces es cuando creamos Yoes terribles capaces de producir fenómenos sensacionales.

La rabia de no poder amar o el hecho mismo de sentirse defraudado por alguien, es fuera de toda duda el verdadero infierno y provoca aquellas espantosas emanaciones sexuales fluídicas capaces de convertirse en el Diablo Prestidigitador.




VISITANTES TENEBROSOS (SAMAEL AUN WEOR)

El sabio Waldemar dice textualmente: “Un contemporáneo de Brognoli, el sacerdote Coleti, nos cuenta de una mujer de su parroquia que acudió a él con su marido.

Ella era devota y de buenas costumbres, pero desde hacía diez años estaba acosada por un tal espíritu que de día y de noche le sugería lo deshonesto, y hasta cuando no dormía procedió con ella como un incubo, por lo que no era en modo alguno un sueño lo que padecía.

Más no logró obtener su conformidad, permaneciendo ella inquebrantable. Así, el exorcista no tuvo más que pronunciar el “Praeceptum Leviticum” contra el demonio y en adelante ella se vio libre de él.

En este caso, dice Waldemar, vemos que cuando la conciencia de un obseso a tal punto se ha imaginado como subterfugio la violación por el demonio, o sea casi una toma de posesión contra su voluntad, puede superarse el estado mediante el proceso de una expulsión del espíritu lascivo por las fuerzas morales aun no tiranizadas.

Más si el incubo (el Yo lascivo), la imagen lujuriosa creada por la propia fantasía, se afirma sin oposición hasta el fin, el propio individuo convertido en incubo ejecuta, escindido en dos seres, una auto-copulación. En este caso, la obsesión acaba por lo general en la demencia total.

Así intentó Grognoli en la primavera de 1643 liberar en vano de un incubo a una muchacha de veinte años.

Fui –dice- con su confesor a su casa. Apenas hubimos penetrado en ella, el demonio, que estaba entregado a su tarea, se escurrió. Hablé entonces a la muchacha y ella me contó con pelos y señales lo que hacía el demonio con su persona.

De su relato no tardé en comprender que, aunque ella lo negara, había dado, no obstante, una conformidad indirecta al demonio. Pues cuando notaba su aproximación por la dilatación y vivo cosquilleo de las partes afectadas, no buscaba refugio en la oración ni invocaba a Dios y a la Santa Virgen en auxilio, ni al Ángel de la Guarda, sino que iba corriendo a su habitación y se tendía en la cama, a fin de que el maligno pudiera ejecutar su tarea más cómoda y agradablemente.

Cuando traté de despertar en ella, en conclusión, una firme confianza en Dios para liberarse, permaneció indiferente y sin eco, notando yo más bien una resistencia, como si no quisiera ser liberada.

La dejé, pues, no sin antes haber dado algunas prescripciones a sus padres sobre disciplinas y represión del cuerpo de su hija mediante ayunos y abluciones.

Más no solo eran visitadas así las mujeres, dice el sabio Waldemar. Brognoli fue conducido en Bérgamo a un joven comerciante de unos veintidós años de edad, quien había enflaquecido hasta quedar en puro esqueleto, debido a que le atormentaba un súbcubo.

Hacía varios meses, al tenderse en su cama, se le había aparecido el demonio en la figura de una muchacha extraordinariamente bella, a la que amaba.

Al gritar contemplando aquella figura, ella le había instado a que se callara, asegurándole que era en verdad la misma muchacha, y que debido a que su madre le pegaba, había huido de casa, acudiendo a la de su amado.

El sabía que aquella no era su Teresa, sino algún trasgo; no obstante, tras alguna plática y unos abrazos, la llevó consigo a la cama.

Después le dijo la figura que, en efecto, no era la muchacha, sino un demonio que le quería, uno de sus Yoes diablos y que por eso se unía a él día y noche.

Ello duró varios meses, hasta que Dios lo liberó por medio de Brognoli, y él hizo penitencia por sus pecados”.

A través de este insólito relato, resulta completamente palmaria y manifiesta la auto-copulación con un yo-diablo que había tomado la forma de la mujer amada.

Es incuestionable que aquel mancebo de ardiente imaginación y espantosa lujuria, había utilizado inconscientemente la facultad ideo-plástica para dar forma sutil a su adorada.

Así vino a la existencia un Yo súbcubo, un demonio pasionario de cabellos largos e ideas cortas.

Es obvio que dentro de ese diablo femenino quedó embotellada una buena parte de su Conciencia.

Paracelso dice al respecto en su obra “De origine morborum invisibilium Lit. III”:

“Incubos y Súbcubos se han formado del esperma de aquellos que realizan el acto antinatural imaginativo de la masturbación (en pensamientos o deseos).

Y pues solo procede de la imaginación, no es un esperma auténtico (material) sino una sal corrompida.

Solo el semen que procede de un órgano indicado por la Naturaleza para su desarrollo puede germinar en cuerpo.

Cuando el esperma no proviene de apropiada materia (substrato nutricio), no producirá nada bueno, sino que generará algo inútil.

Por esto Incubos y Súbcubos, que proceden de semen corrompido, son perjudiciales e inútiles según el orden natural de las cosas.

Estos gérmenes formados en la imaginación han nacido de Amore Heress, lo cual significa una especie de amor en el cual un hombre se imagina una mujer, o a la inversa, para realizar la cópula con la imagen creada en la esfera de su ánimo.

De este acto resulta la evacuación de un inútil fluido etéreo, incapaz de generar una criatura, pero en situación de traer larvas a la existencia.

Una tal imaginación es la madre de una exuberante impudicia, la cual, proseguida, puede tomar impotente a un hombre y estéril a una mujer, ya que en la frecuente práctica de una tal imaginación enferma se pierde mucho de la verdadera Energía Creadora”.

Los Yoes-larvas de la lascivia son verdaderos entes pensantes autónomos dentro de los cuales queda enfrascada un buen porcentaje de la Conciencia.

Las larvas de las que habla Paracelso no son otra cosa que aquellas cultivadas formas de pensamiento que deben su fuerza y su existencia únicamente a la imaginación desnaturalizada.
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author
Ivan Guevara
Autor del blog Aprendiz de Mago y La Otra Realidad Conversaciones con Elam.